Intentó recordar lo que había pasado, pero todo lo que venía a su mente eran imágenes inconexas y que no parecían de ese mismo día. Cerró los ojos.
Desde muy pequeño le gustaban los fósiles, recogiéndolos en el campo y clasificándolos con ayuda de libros de forma autodidacta. Sus padres consideraban que guardar piedras en cada rincón de su habitación rozaba el basureo e intentaban deshacerse de ellas cuando tenían ocasión. Sin embargo, él guardaba los que más le gustaban en recónditos lugares como huecos tras el rodapié, bajo una baldosa, en el fondo del cajón de los calcetines… Cuando acudió a la universidad, había conseguido reunir una colección de fósiles escondidos por toda su casa que sería la envidia de cualquier museo de ciencias.
Abrió de nuevo los ojos. El dolor de cabeza era insoportable y mantener los ojos abiertos conllevaba un esfuerzo titánico. No percibía ningún sonido y no podía saber si había alguien en su despacho. Al menos en su campo visual no había nadie. Sin intentar evitarlo, sus párpados cayeron.
En su segundo año de carrera acudió a su primera excavación acompañando al catedrático de Paleontología junto a un selecto grupo de estudiantes de Geología y Biología, en total seis. Sin duda, el conocimiento de los fósiles era una de sus pasiones y aunque fuese el menor del grupo, destacaba por encima de todos. Conocía la totalidad de restos que iban encontrando, corregía a sus compañeros y era el único que aguantaba el infernal ritmo que marcaba el profesor, muy avanzado en edad, pero con una envidiable forma física. No tardaría en repetir salidas de campo y pronto se convirtió en la mano derecha del catedrático a la vez que la relación con sus compañeros se volvía más tensa y distante.
Sentía frío y parecía que algo líquido resbalaba por su frente lentamente, pero no podía ver lo que era, en parte porque tenía los ojos cerrados y no tenía intención de abrirlos.
Al acabar la carrera, comenzó a hacer el doctorado en la misma universidad. El catedrático se aseguró que tuviese una buena beca para poder dedicarse al estudio sin preocupaciones financieras. A la vez que investigaba, iba adquiriendo responsabilidades docentes y ayudaba a su director en clases y salidas de campo. De esta forma se granjeó una buena fama entre las alumnas, por su juventud y su desbordante simpatía, frente a la vejez de la mayoría de los profesores. Y aunque hasta ese momento se había dedicado exclusivamente al trabajo sin apenas pensar en mujeres, descubrió otra de sus pasiones: el sexo. Su estatus de joven profesor enrollado le permitía ligarse a las estudiantes más bellas de la clase y en un par de años se lió con al menos quince alumnas.
Abrió un ojo para ver que era ese líquido que había llegado hasta la nariz. Parecía sangre. Era lógico. Debía tener una herida en la cabeza, pero tenía que acordarse de cómo se la había hecho.
Finalizó el doctorado brillantemente y antes de lo esperado. Su magnífico expediente y la buena relación con el catedrático de Paleontología le permitieron conseguir una plaza de profesor titular muy rápido. Desde su nueva posición podía follar con quien quisiera, desde alumnas de prácticas hasta estudiantes extranjeras, pasando por compañeras de otros departamentos y mujeres de la limpieza. Hasta una catedrática que le doblaba la edad visitó su entrepierna en un par de ocasiones. Y a la vez que aumentaba su lista de amantes, se incrementaba su mezquindad. El catedrático, al borde de la jubilación, se daba cuenta de ello e intentó advertirle varias veces. Lo único que consiguió el viejo profesor fue la jubilación anticipada debido a un falso rumor en el que se le involucraba en un turbio lío de faldas con una alumna.
Escudriñó la habitación desde su incómoda posición. Podía ver una pata de su mesa, dos estanterías repletas de libros, unos folios tirados por el suelo… ¡Eh! Le pareció ver algo a los pies de una de las estanterías. Estaba como a metro y medio y lo percibía muy borroso.
Sin el catedrático, adquirió más poder en el departamento y comenzó a dirigir tesis. Solo elegía mujeres, siempre de muy buen ver y a ser posible con pocos escrúpulos a la hora de plantar rodillas. No le importaba demasiado hacer todo el trabajo académico si sus doctorandas llevaban a cabo otro tipo de trabajos. El resultado era siempre el mismo, tesis sobresalientes e importantes becas postdoctorales lejos de la universidad. Así iba reciclando su pequeño harén de paleontólogas mientras aumentaba su vasto curriculum con publicaciones en revistas de alto impacto.
Parecía una piedra. Un fósil. Pero era muy extraño. No podía distinguir de qué tipo se trataba. Cerró los ojos e intentó recordar.
Una tarde cualquiera, una recién licenciada acudió a su despacho. Su intención era tantearle para que dirigiese su tesis. Era gordita, con gafas, no destacaba por su belleza. Al verla entrar, se sobresaltó y tras oír su propuesta rompió en sonoras carcajadas. “Toma estos coprolitos, a ver que puedes hacer con ellos”, le contestó a la vez que secaba con un pañuelo las lágrimas causadas por la escandalosa risa.
Joder. Era un coprolito.
No volvió a ver a la chica gordita al menos en un año. Hasta esa misma mañana. Alguien llamó a la puerta de su despacho y tras decir “adelante” con desgana, entró la chica gordita con gafas. Le miró fijamente en silencio durante al menos treinta segundos, pero él permaneció indiferente colocando unos folios. La chica gordita dio un paso al frente y le dijo: “Mira. Mira lo que puedo hacer con ellos”. Sin tiempo para reaccionar, él giró la cabeza y recibió un brutal impacto en la frente.
Un puto coprolito.
EL KOPROFAGO
¿No sabes lo que es un coprolito? Claro que lo sabes, si estuvimos hablando de ellos en esta entrada...
Este relato forma parte del Primer Certamen Literario Koprolitos, aunque no entre en concurso.

2 comentarios:
Ya está publicado tu final alternativo en Noticias de un Espía en el Bar:
http://espiadelbar.blogspot.com/2011/11/noticia-1007-desde-el-bar-el-relato-de.html
Y sí, antes de que me lo preguntes, no hay problema en que lo pongas e tu blog.
Muchas gracias, buen trabajo. Este relato que leo en esta otra entrada tuya también me ha gustado.
Me alegra que te haya gustado.
Te invito a participar en esta primera experiencia literaria de mi blog hermano.
Saludos.
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