Esa noche se encaminó hacia la Colonia Altamira, en Monterrey, en busca de la casa de Bobby. Cuando la tuvo a la vista, el carpintero se escondió tras unos matorrales y observó la entrada de la casa. En el porche se encontraba su amado, distraído, mordisqueando algo. Francisco se acercó sigilosamente y allí mismo se entregó a Bobby.
Lo que no se imaginaba Francisco es que su historia de amor saldría en los periódicos del día siguiente:

1 comentario:
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